Ser feliz y comer perdiz (dedicado a todas las telenovelas y a su público)

Hace mucho mucho  tiempo, ni siquiera recuerdo la edad que tenía, emitían por las mañanas en La Primera de RTVE un serial infinito que mi madre no me dejaba ver. Era verano. Durante el curso eso de poner la tele por la mañana para ver dibujos… ni de coña!. Además no hacían, como mucho podías encender la televisión y encontrarte a  Jesús Hermida con sus chicas. ¿Jesús Hermida? Sí, el mismo. Antes era él, ahora Jorge Javier Vázquez… Pero bueno, volviendo al tema.

La cosa era que emitía un serial infinito, una telenovela. Se llamaba “Los ricos también lloran”. Casi no recuerdo el argumento pero ya entonces me llamó la atención la capacidad que tenían aquellos personajes para sufrir. También supe que me gustaba ese formato de serial infinito, con ese acento, esos paisajes, esos “casoplones”, esos cuerpos…pero cuando digo cuerpos hablo de verdaderos “adonis”. Ellas y…ellos más.

A partir de ahí…teniendo en cuenta que tendría unos nueve o diez años y que ahora tengo 41, empecé a ver telenovelas. Un formato que a muchos espanta pero que a mí me encanta. No sé ni las que he visto desde entonces, algunas más de una y más de dos y más de tres veces, vaya, que cuando la reponen “me la trago”. Uf! Si enumero no paro. Recuerdo “Cristal” que no me gustó mucho y no podía engancharme porque tenía colegio. “La dama de rosa” que tampoco me gustaba demasiado con Carlos Mata y Jeannete Rodriguez, era una típica telenovela venezolana con sus expresiones tales como “cónchale” y… ya no recuerdo más. Esa expresión me llamaba mucho la atención porque por lo visto podía utilizarse tanto como para expresar sorpresa como para tristeza, enfado, lo que surgiera en el guión. Pues como aquí decir “joder”, no? Que es una palabrota comodín. Después de esas…pues ya enganché con las de Telecinco porque, aparte de que me había picado el gusanillo telenovelesco, las hacían antes de “Juana y Sergio” una pareja molona que jugaba al voleibol, o “La panda de Julia” una chica que también jugaba al voleibol pero así como Juana y Sergio eran dos deportistas y un amor…Julia no. Julia tenía al entrenador más duro del planeta, gritaba cuando hacía un punto y/o sacaba como Venus o Serena Williams, el salto que pegaba la tía para rematar era colosal e infinito y para rematar, valga la redundancia, acababa los capítulos peor que Bruce Willis en Jungla de Cristal. Estas dos series eran dibujos japoneses bastante curiosos y los que hayáis visto “Campeones” en español “Oliver y Benji”  sabréis de lo que hablo. Así que no haré hincapié en aquellos campos infinitos, tiros del tigre o catapultas infernales porque además me he vuelto a despistar pero, tenía que mencionarlo.

Diré también que mi madre se pillaba unos mosqueos… porque…claro; así la tele estaba casi siempre encendida y mis hermanas y yo pegadas a la “caja boba” como la llamaba, supongo que ella y el resto de millones de madres cuyos hijos estaban todo el día  o casi todo el día en vacaciones de verano, ahí plantados como mojones y tarareando alguna canción de aquellos seriales o bailando el “Saturday Night”.

Pero bueno, volviendo al tema…que las hacían en Telecinco antes de los dibujos y después también seguían haciendo. Hay una de la que no recuerdo el título, creo que nunca llegaron a emitirla entera, pero sí recuerdo el nombre del galán, allá va… el tipo se llamaba Macuto. Sí. Macuto. Y yo cuando lo oí casi me caigo de espaldas. Seguí con “Topacio” que era un poco rollete pero después la modernizaron y la llamaron “Esmeralda” una historia muy similar con Fernando Colunga y Leticia Calderón. Sí. Conozco algunos nombres de actores de Televisa y Telemundo. Nombres de actores y  sus personajes correspondientes, vocabulario de telenovela y remakes  que también haberlos haylos, para eso véase “Sin tetas no hay paraíso” que es un pedazo de remake de una  telenovela colombiana dura donde las haya,  me dan para dos y tres y cuatro posts.  

Pero el punto álgido de mi enganche lo alcancé con la telenovela que causó sensación en el siglo XXI…..que fue(redoble de tambor)… “Pasión de Gavilanes” con Mario Cimarro y Dana García. Pero…he seguido, he seguido viendo porque además en estos seriales la gente se renueva (en cuanto a aspecto, se operan y tal) y cambia drásticamente su registro. El que en una era un abuelito entrañable en silla de ruedas en otra se convierte en un hacendado malísimo más malo que Voldemort o Sauron que hace el mal por todas partes eso le pasa a Jorge Cao que era el abuelito entrañable en Pasión de Gavilanes. La que era una morena despampanante y malísima de la muerte se convierte  en una rubia angelical que desprende bondad por doquier y sigue igual de despampanante, Angélica Boyer por ejemplo  de “Teresa”    a “Lo que la vida me robó”. Otro ejemplo de cambio drástico de registro David Zepeda en “Te sigo amando” y luego en “Tres veces Ana” ésta es de las últimas telenovelas  que he visto y debo decir que me encantó y sorprendió, a la vez. Aunque nada más sorprendente que el final de “La patrona” con la espectacular Araceli Arambula, hasta aquí ya había visto “Rubí”, “Machos”, una colombiana que no recuerdo el nombre pasando por Falcon Crest, Dallas, Dinastía, Los Colby…sí ya sé que son producto americano pero también salen buenos culebrones o ¿Grey’s Anatomy qué pensamos que es? Pues un culebrón moderno y en inglés. Eso sí, telenovelas turcas no me pongas que… va a ser que no. No puedo con ellas. Empecé con Fatmagul que tuve que tragármela entera porque me enganché. Al final me enganché pero…una y no más Santo Tomás.

En fin… Así, he ido coleccionando recuerdos de tardes de verano pegajosas en Valencia comiendo chocolate y viendo estos seriales infinitos; cuando me fui a vivir con mi marido no cambié seguía enganchada y hoy después de dos embarazos sigo enganchada y las sigo viendo y me encantan y entonces  me pones “Acacias 38”, que eso lo veo los viernes en casa de mis padres, y… no. No son iguales. Vamos. Nada que ver. Ya solo en lo que a presupuesto se refiere se sabe, se ve, se percibe a leguas… dónde hay más pasta. Obviamente en Televisa, ellos pueden permitirse el lujo de irse a rodar a Aguadulce, San Pedro del Oro ( y cuando salen estos nombre me pregunto si de verdad existen estas localidades y me entran ganas de conocer Mexico y es cuando me pongo el canal viajar), a Oxaca (que de mis años viendo telenovelas sé que se dice Guajaca), a Miami a esas playas de ensueño, etc  y después alquilan unas casas para los rodajes… que son de infarto…yo quedo en “choc” cuando las veo. Se me olvida todo.

Y por eso las veo, porque aunque tenga mil problemas me siento a ver sufrir a Renata (Silvia Navarro), en “Cuando me enamoro”; siendo totalmente consciente de que su sufrimiento no es real aunque escribiendo esto suene a inconsciente y que mal de muchos consuelo de tontos (mmm de este refrán nunca he tenido muy claro el significado pero va aquí o al menos este es el que mi madre usaría) estos seriales infinitos me  hacen comparar mi sufrimiento con el suyo que resulta que son incomparables porque el mío es real, pero bueno yo ahí. A comparar.  Y como conozco el final… es  entonces cuando  pienso que un día yo también comeré perdices y seré feliz como Renata.

Dedicado a todos aquellos fans de las telenovelas un género extendido y del que pocas veces se habla porque cuando uno dice que las ve algunos enseguida piensan que son típicos de marujas con su batamanta y su guatiné. Pues no.

Este texto lo escribí en un momento de mi vida extremadamente complicado. Pensaba que no quedaba esperanza. Una exageración sí, pero así era. Desde que lo que le pasó a Rubén todo había ido cuesta abajo, estaba criando dos personas; dos bebés que en ocasiones no sabía que hacer con ellos y pensaba que igual no había sido buena idea traerlos al mundo porque de momento me estaba costando darles algo bueno de la vida cuando la vida me las estaba poniendo putas. En fin, estudiaba de noche y me quedaba dormida en la silla, apenas dormía en mi cama porque se me juntaba la hora de arreglarlos para el cole y la guardería con la hora en la que terminaba de estudiar( seis de la mañana, a veces siete), luego la casa y todo lo que implicaba, iba a dar clase por las tardes porque aunque no era un trabajo seguro es lo que me ayudaba además de toda la ayuda que recibía y recibo de mi familia. Un calvario.

Veía telenovelas porque me sacaban y me siguen sacando de la realidad de mierda que me había tocado vivir si bien es cierto que mi realidad actual es muy distinta. Las veía porque la fe en mí de mi marido, mi apego religioso y ellas eran lo que hacía que me aferrara a algo; pensar que algún día mi vida daría un giro de 180 grados y podría ofrecer a mis hijos una vida mejor que la llevada hasta ahora y a partir de ahí mejorar. Mi madre siempre me ha dicho, y yo misma pienso, que no soy la más afortunada del planeta pero contra todo pronóstico todo eso cambió. Doy gracias todos los días por lo que tengo, por lo que he conseguido, por haber llegado hasta donde estoy en este momento bastante entera, porque poco a poco me voy reconstruyendo por dentro y por fuera por todo lo que me rodea. Y…sigo viendo telenovelas porque…yo soy muy de finales felices. Y después de este “confín” toca un final feliz.

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